Durante los siglos XVII y XVIII el estudio de los insectos dejó de ser una recopilación de creencias heredadas para convertirse en una ciencia basada en la observación directa y el experimento. Dos herramientas impulsaron ese cambio: el microscopio, que reveló estructuras invisibles hasta entonces, y el método experimental, que exigía comprobar cada afirmación en lugar de aceptarla por tradición. De la mano de un puñado de naturalistas europeos, la entomología adquirió por primera vez rigor moderno.
El microscopio abre un mundo invisible
En 1665 el polímata inglés Robert Hooke (1635-1703) publicó Micrographia, una obra que reunía cincuenta observaciones microscópicas y telescópicas acompañadas de detallados dibujos. En sus páginas acuñó el término célula, inspirado en las celdillas de un panal al examinar una lámina de corcho, y sus ilustraciones de organismos diminutos como la pulga y el piojo se convirtieron en iconos científicos que popularizaron el microscopio como instrumento de investigación. Por esos mismos años, el anatomista italiano Marcello Malpighi (1628-1694), considerado padre de la histología, aplicó el microscopio al gusano de seda: en su Dissertatio epistolica de bombyce (1669) describió el aparato secretor de la seda y el órgano de puesta, y ofreció el primer estudio embriológico de este insecto. Malpighi, que en 1661 había descrito los capilares en De Pulmonibus, fue en 1669 el primer italiano admitido en la Royal Society de Londres.
Redi y el fin de la generación espontánea
Desde la Antigüedad se creía en la generación espontánea, la idea de que ciertos seres vivos surgían por sí solos de la materia en descomposición. Aristóteles había sostenido que insectos y otros organismos nacían de la materia putrefacta gracias a un principio activo, y la hipótesis persistió hasta el siglo XVIII. El médico y naturalista italiano Francesco Redi (1626-1697), tenido por fundador de la biología experimental y padre de la parasitología moderna, la refutó en 1668 con un experimento controlado. Colocó carne en varios recipientes: uno abierto, otro sellado con corcho y otro cubierto con gasa. Las larvas solo aparecieron en el frasco abierto, al que las moscas tenían acceso. Cuando sus críticos alegaron que a los frascos cerrados les faltaba aire, Redi repitió la prueba con gasa, que dejaba pasar el aire pero no a las moscas: de nuevo no surgieron larvas en la carne, aunque las moscas depositaron sus huevos sobre la propia gasa. Recogió estas experiencias en Esperienze intorno alla generazione degli insetti (1668), demostrando que los gusanos provienen de los huevos de las moscas y no de la carne.
Swammerdam y la anatomía de la metamorfosis
El anatomista y zoólogo neerlandés Jan Swammerdam (1637-1680), natural de Ámsterdam, dedicó su vida a los insectos y los anfibios valiéndose de microscopios que él mismo construía. Sus disecciones establecieron conexiones anatómicas entre las distintas fases de la metamorfosis, tanto en ranas como en insectos, documentadas con una minuciosidad excepcional. Entre sus obras figuran su tratado general sobre los animales sin sangre, Historia insectorum generalis, y la Bybel der Natuure o Biblia de la naturaleza. Swammerdam murió en Ámsterdam en 1680, víctima de la malaria, y es recordado como un pionero de la entomología y de la anatomía comparada.
Merian: la metamorfosis ilustrada
La naturalista e ilustradora germano-suiza Maria Sibylla Merian (1647-1717), nacida en Fráncfort y fallecida en Ámsterdam, revolucionó el estudio de los insectos documentando la metamorfosis con extraordinaria precisión. Observó que las orugas dependen de plantas concretas para alimentarse y que depositan sus huevos cerca de ellas, y sus láminas mostraban el desarrollo del insecto junto a su planta nutricia, en lugar de como ejemplares aislados. Publicó el Nuevo libro de flores (1675-1677) y La oruga, maravillosa transformación (1679). A los 52 años emprendió un viaje a Surinam para estudiar los insectos tropicales sobre el terreno; contrajo malaria tras dos años, pero de aquella expedición nació su obra maestra, Metamorphosis insectorum Surinamensium (1705). Con su trabajo cuestionó la generación espontánea y defendió la observación directa en el campo como fundamento de la ciencia.
Réaumur y la gran historia de los insectos
El polímata francés René-Antoine Ferchault de Réaumur (1683-1757) culminó esta etapa con los Mémoires pour servir à l'histoire des insectes (1734-1742), una obra en seis volúmenes ilustrada con 267 láminas. Fruto de una observación paciente y de gran exactitud, documentó el aspecto, los hábitos y las características de numerosos insectos. Réaumur, célebre también por su termómetro de escala de 80 grados, aportó a la entomología el mismo espíritu metódico que caracterizó toda la revolución científica de los siglos XVII y XVIII.