El siglo de la sistemática y el comportamiento

Entomología para aficionados

Siglo XIX

El siglo XIX transformó la entomología de un pasatiempo de gabinete en una ciencia con teoría propia. La acumulación de ejemplares dejó de ser un fin en sí mismo para convertirse en la materia prima con la que interpretar el comportamiento y la evolución de los insectos.

El coleccionismo y las grandes expediciones

La primera mitad del siglo prolongó lo que los historiadores llaman la «entomología heroica»: los primeros trabajos se centraban en nombrar y clasificar especies, y los coleccionistas europeos atesoraban gabinetes de curiosidades. Esa acumulación de material acabó dando origen a sociedades de historia natural, exposiciones y revistas científicas. En Inglaterra, William Kirby —considerado el padre de la entomología en aquel país— publicó junto a William Spence la Introduction to Entomology, texto fundacional de la disciplina. Las grandes expediciones ultramarinas llevaron el coleccionismo a los trópicos, donde recolectar insectos exóticos, muchos de ellos desconocidos para la ciencia, se convirtió en una empresa que a menudo se financiaba vendiendo ejemplares a los coleccionistas de Londres.

Fabre y el nacimiento de la etología

Jean-Henri Fabre (1823-1915), naturalista, entomólogo y escritor nacido en Saint-Léons (Aveyron), desplazó el foco desde el ejemplar clavado en el alfiler hacia el insecto vivo y su conducta. Maestro desde los diecinueve años y catedrático de química en Aviñón entre 1852 y 1871, se retiró a Sérignan, donde su casa, el Harmas, es hoy un museo dedicado a su obra. Su trabajo mayor, Souvenirs entomologiques, reúne diez volúmenes publicados entre 1879 y 1909, cerca de cuatro mil páginas de observación minuciosa del comportamiento y la ecología de los insectos, y fue traducido a quince idiomas. Está considerado uno de los fundadores de la entomología moderna. Curiosamente, pese a ser contemporáneo de Darwin y conocer su influencia, Fabre no compartió la teoría evolutiva: prefería la observación directa a los marcos teóricos. En 1887 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia de Ciencias.

Darwin, la evolución y la coevolución con las flores

La publicación de la teoría de la selección natural cambió la manera de mirar a los insectos: dejaron de ser piezas de un catálogo para convertirse en protagonistas de historias evolutivas. Charles Darwin ilustró como pocos esa idea con la coevolución entre flores e insectos, la aparición relativamente repentina de las plantas con flor que él mismo describió como un «misterio abominable». En 1862, en The Fertilisation of Orchids, estudió la orquídea malgache Angraecum sesquipedale, cuyo espolón floral medía unos treinta centímetros, y dedujo que debía existir un insecto con una probóscide de longitud equivalente capaz de polinizarla. En 1867, Wallace respaldó la hipótesis señalando a la esfinge africana Xanthopan morganii, de trompa casi tan larga como el espolón. La subespecie Xanthopan morganii praedicta, descrita por Rothschild y Jordan en 1903, lleva en su propio nombre el recuerdo de aquella predicción cumplida. Las plantas entomófilas, coadaptadas con sus polinizadores, ilustran relaciones tan estrechas como la de las yucas con las polillas del género Tegeticula o la de cada especie de higo con su avispa.

Bates, Wallace y el mimetismo

En 1848, Henry Walter Bates (1825-1892) y Alfred Russel Wallace (1823-1913) partieron juntos a explorar el Amazonas, sufragando el viaje con la venta de ejemplares a coleccionistas londinenses. Wallace regresó en 1852 y perdió su colección en el naufragio del barco; Bates permaneció hasta 1859 y volvió con más de catorce mil ejemplares —en su mayoría insectos—, de los cuales unos ocho mil eran desconocidos para la ciencia. De aquellas mariposas amazónicas nació en 1862 el concepto que hoy llamamos mimetismo batesiano: una especie inofensiva imita el aspecto de otra peligrosa o de mal sabor para escapar de los depredadores, que aprenden a asociar ese patrón con una experiencia desagradable. Es una ventaja unilateral del imitador, visible también en las moscas de las familias Syrphidae y Bombyliidae que remedan a abejas y avispas. Bates relató su viaje en The Naturalist on the River Amazons (1863). Wallace, por su parte, exploró después el archipiélago malayo (1854-1862), reunió más de 125.000 ejemplares, concibió de forma independiente la selección natural —cuyo manuscrito envió a Darwin en 1858— y sentó las bases de la biogeografía con la línea que lleva su nombre.

La consolidación de las sociedades entomológicas

El impulso coleccionista y expedicionario necesitaba instituciones que lo ordenaran. William Kirby contribuyó a fundar en 1833 la Royal Entomological Society de Londres, una de las primeras sociedades de este tipo en el mundo. Hacia finales de siglo, el crecimiento de la agricultura y del comercio colonial impulsó la llamada «era de la entomología económica», que profesionalizó la disciplina y la vinculó a la formación universitaria en biología. Así, la entomología del siglo XIX cerró su recorrido convertida en una ciencia madura: con una teoría evolutiva que daba sentido a la diversidad, con un método para estudiar el comportamiento y con una red de sociedades y publicaciones que garantizaban su continuidad.

Fuentes

  • Jean-Henri Fabre — Wikipedia en español[1]
  • Henry Walter Bates — Wikipedia en español[2]
  • Mimetismo batesiano — Wikipedia en español[3]
  • Alfred Russel Wallace — Wikipedia en español[4]
  • Xanthopan morganii — Wikipedia en español[5]
  • Coevolución — Wikipedia en español[6]
  • History of entomology — Wikipedia in English[7]