La entomología en el mundo antiguo

Entomología para aficionados

Antigüedad

Mucho antes de que existiera la palabra «entomología», los insectos ya ocupaban un lugar central en la imaginación y la economía de las primeras civilizaciones. En el Antiguo Egipto ningún animal alcanzó tanta reverencia como el escarabajo pelotero, la especie Scarabaeus sacer. Los egipcios lo asociaron con Khepri, el dios del sol naciente, porque veían en el insecto empujando su bola de estiércol una imagen del astro rodando cada mañana por el cielo. Convertido en símbolo del renacimiento y la regeneración, el escarabajo se talló en piedra y fayenza como amuleto y sello desde alrededor del año 2000 a.C., durante el Reino Medio, en una de las primeras muestras de una cultura que observaba el comportamiento de un insecto y lo cargaba de significado.

China y el secreto de la seda

En el otro extremo del mundo antiguo, China descubrió que un insecto podía tejer un imperio. La producción de seda arraiga en la China neolítica de la cultura Yangshao: el tejido de seda más antiguo conocido data del 3630 a.C., en Henan. El artífice era el gusano de seda domesticado, Bombyx mori, cuyos restos aparecen entre el 4000 y el 3000 a.C. La tradición atribuye el hallazgo a la emperatriz Leizu, hacia el 3000 a.C., cuando un capullo habría caído en su taza de té y ella desenrolló el hilo. China guardó celosamente esta sericultura durante unos tres milenios —exportar gusanos o huevos se castigaba con la muerte— hasta que la técnica se filtró a Japón hacia el 300 d.C. y a Bizancio en el 552 d.C.

Miel y abejas: la apicultura antigua

El aprovechamiento de las abejas es igual de remoto. La apicultura organizada aparece documentada en Egipto hacia el 3100 a.C., y los relieves del templo solar de Nyuserre Ini, de la V dinastía (antes del 2422 a.C.), muestran ya a obreros soplando humo en las colmenas para retirar los panales. Más tarde, escritores romanos como Virgilio, Varrón y Columela dedicaron páginas enteras a la cría de abejas, prueba de que el conocimiento práctico sobre estos insectos se transmitió y refinó a lo largo de toda la Antigüedad clásica.

Aristóteles y los «éntoma»

El primer intento de ordenar a los insectos con criterio científico corresponde a Aristóteles (384-322 a.C.), considerado el padre de la zoología. En su Historia animalium —«Investigaciones sobre los animales», redactada entre mediados del siglo IV a.C. y su muerte— dividió a los animales según tuvieran sangre roja (enaima) o carecieran de ella (anaima). A los insectos los llamó éntoma, es decir, «cortados en secciones», en referencia a su cuerpo segmentado: la misma raíz griega que pervive hoy en el nombre de la entomología. Aristóteles observó con detalle el comportamiento y la organización social de las abejas, y describió avispas ictneumónidas, hormigas, escorpiones, arañas y saltamontes. Su obra siguió siendo la autoridad indiscutible durante muchos siglos, hasta el siglo XVI.

Plinio el Viejo y la enciclopedia romana

Roma heredó y compiló ese saber. Plinio el Viejo (23-79 d.C.) reunió en su Naturalis Historia los conocimientos de la Antigüedad en 37 libros que abarcaban botánica, zoología, mineralogía, medicina y geografía, entre otras materias, apoyándose en más de dos mil obras anteriores; en ellos dedicó también un tratado a las clases de insectos. Su curiosidad le costó la vida: murió durante la erupción del Vesubio, en el año 79 d.C., mientras trataba de auxiliar a unos amigos.

La generación espontánea: un error milenario

No todo lo que legó la Antigüedad era acertado. El propio Aristóteles sintetizó de forma coherente la doctrina de la generación espontánea, según la cual ciertos seres surgían de la materia inerte mediante un calor vital o pneuma: las larvas brotarían de la carne muerta, las pulgas del polvo y los insectos de la materia en putrefacción. La idea se tomó como hecho científico durante casi dos milenios. Solo en 1668 Francesco Redi la puso en duda al demostrar con carne en recipientes que las larvas provenían de las moscas, y no fue refutada de manera definitiva hasta los experimentos de Louis Pasteur en 1859. Aquel error, nacido de la observación clásica, muestra hasta qué punto la autoridad de los antiguos condicionó el estudio de los insectos durante siglos.

Fuentes

  • Aristóteles — Wikipedia, la enciclopedia libre[1]
  • History of Animals — Wikipedia[2]
  • Spontaneous generation — Wikipedia[3]
  • History of silk — Wikipedia[4]
  • Beekeeping — Wikipedia[5]
  • Plinio el Viejo — Wikipedia, la enciclopedia libre[6]
  • Scarab (artifact) — Wikipedia[7]
  • History of entomology — Wikipedia[8]